La Intención es la Semilla para el Cambio

"Los símbolos de la semilla y el hueso son muy similares. Cuando se tiene el rizoma, la base, la parte original, cuando se tiene el maíz de siembra, cualquier estrago se puede arreglar, las tierras devastadas se pueden volver a sembrar, los campos se pueden dejar en barbecho, la semilla dura se puede remojar para ablandarla, ayudarla a abrirse y a germinar. Poseer la semilla significa tener la clave de la vida. Estar con los ciclos de la semilla significa bailar con la vida, bailar con la muerte y volver a bailar con la vida. Es la encarnación de la Madre de la Vida y la Muerte en su forma más antigua y original. Y, dado que siempre gira en estos constantes ciclos, yo la llamo la Madre de la Vida/Muerte/Vida. Al principio era la semilla. Esa maravilla de la naturaleza que permite la multiplicación. Una planta capaz de producir cientos de semillas, como la parábola bíblica. Desde los orígenes de la agricultura, algo así como hace unos 10.000 años, mujeres y hombres comenzaron a cultivar la tierra, plantaron diversas especies y variedades, vieron crecer las plantas, aprendieron a reconocer sus características y propiedades, las dejaron semillar y guardaron esa semilla para la siguiente siembra, en un circulo que se renovaba año a año. Por Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria

“Los símbolos de la semilla y el hueso son muy similares.
Cuando se tiene el rizoma, la base, la parte original, cuando se tiene el maíz de siembra, cualquier estrago se puede arreglar, las tierras devastadas se pueden volver a sembrar, los campos se pueden dejar en barbecho, la semilla dura se puede remojar para ablandarla, ayudarla a abrirse y a germinar.
Poseer la semilla significa tener la clave de la vida.
Estar con los ciclos de la semilla significa bailar con la vida, bailar con la muerte y volver a bailar con la vida.
Es la encarnación de la Madre de la Vida y la Muerte en su forma más antigua y original.
Y, dado que siempre gira en estos constantes ciclos, yo la llamo la Madre de la Vida/Muerte/Vida.
Al principio era la semilla. Esa maravilla de la naturaleza que permite la multiplicación. Una planta capaz de producir cientos de semillas, como la parábola bíblica. Desde los orígenes de la agricultura, algo así como hace unos 10.000 años, mujeres y hombres comenzaron a cultivar la tierra, plantaron diversas especies y variedades, vieron crecer las plantas, aprendieron a reconocer sus características y propiedades, las dejaron semillar y guardaron esa semilla para la siguiente siembra, en un circulo que se renovaba año a año.

La Semilla nos ayuda a alinearnos con la Tierra desde nuestro interior, sacando a la luz aspectos de nuestra personalidad, actitudes o dones que estaban profundamente guardados esperando el momento adecuado. Y ahora es el momento de florecer.
La Semilla saca fuerza de sus raíces, que están como en otra dimensión de la realidad, rompe la Tierra y sale hacia la luz y desde entonces siempre se dirige hacia la luz. De hecho las plantas no se mueven espacialmente, no andan y no se desplazan pero sí se mueven permanentemente hacia la luz, en un viaje de crecimiento hacia el Sol y, como en Espejo, sus raíces se mueven hacia el centro de la Tierra.

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