CONOCIÉNDOME

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Explorar en lo más profundo de nosotros mismos en las búsqueda de la esencia que nos define, nos conduce de lleno a las profundidades de la pisque, del alma, donde lo desconocido nos abre las puertas del infinito metafísico. Aquí el raciocinio mecánico basado en hipótesis y deducciones, pierde valor en detrimento de la experiencia, la cual se erige como nivel máximo de autoridad en el proceso de descubrimiento. Cualquier intento de análisis previo en la búsqueda de respuestas en pos de una disminución/aumento, afrontación/evitación de los costes/beneficios de la acción a emprender vendrá a interferir en la correcta experiencia a vivir. Abandonarse a la vivencia teniendo como brújula el sentido del valor que nuestro nivel más visceral nos marca no supone movernos a ciegas, sino ir acercándonos al encuentro de nuestro sÍ mismo, más integro y genuino. Ello supone entrar en la oscura boca de nuestros miedos para ser devorados y desmenuzados en aras de un nuevo amanecer. Caminar en los acantilados que marcan nuestros límites conlleva en ocasiones caer al vacio, morir para renacer rompiendo con concepciones, convencionalismos, idealismo, prejuicios…Es decir, vomitar para volver a digerir la realidad mediante los filtros naturales de nuestro organismo y así poder asimilar con plena responsabilidad todo aquellos que nos acontezca al erigirnos como arquitectos de nuestros propios acontecimientos.

JESÚS (Alumno de La Semilla. ECCG).

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